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Texto Jorge Bucay: Soy como soy

27 diciembre
Claves

El siguiente texto tomado del libro “Cuentos para pensar” de Jorge Bucay ha sido citado en varias ocasiones por algunos médicos cuando hablan del Lupus, de su aceptación y de lo que debemos o no hacer. Espero que os sea de ayuda.

I.-

 LAS COSAS SON COMO SON, YO SOY YO Y TÚ ERES TÚ.

 

Todos los que hemos vivido buscando la verdad, nos hemos encontrado en el camino con muchas ideas que nos sedujeron y habitaron en nosotros con la fuerza suficiente como para condicionar nuestro sistema de creencias. Sin embargo, pasado un tiempo, muchas de las verdades terminaban siendo descartadas porque no soportaban nuestros cuestionamientos, o porque una idea, incompatible con aquellas, competía con nosotros por los mismos espacios. O simplemente porque estas verdades dejaban de serlo. En cualquier caso, aquellos conceptos que habíamos tenido como referentes dejaban de ser tales y nos encontrábamos, de pronto, a la deriva. Dueños del timón de nuestro barco y conscientes de nuestras posibilidades, pero incapaces de trazar un rumbo confiable.

Mientras escribo esto, recuerdo de pronto que El Principito de Antoine de Saint-Exupéry:

<

El Principito quiso registrar su flor (aquella que había dejado en su planeta), pero el geógrafo le dijo: -No registramos flores, porque no se pueden tomar como referencia las cosas efímeras.

Y el geógrafo le explicó al principio que efímero quiere decir amenazado de pronta desaparición.

Cuando el principito escuchó esto, entristeció mucho. Se había dado cuenta de que su rosa era efímera…>>.

Pero hay una serie de pensamientos confiables basados en el sentido común.

La salud, como la sabiduría parte de la aceptación. Esto es

1. Saber que:

lo que es, es.

El concepto, no por obvio menos ignorado, contiene en sí mismo tres implicaciones que me parece significativo remarcar: saber que lo que es, es implica la aceptación de que los hechos, las cosas, las situaciones son como son.

La realidad no es como a mí me convendría que fuera.

No es como debería ser.

No es como fue.

No es como será mañana.

La realidad de mi afuera es como es.

 

Pacientes y alumnos que me escuchan repetir este concepto se empeñan en ver en él un deje de resignación, de postura lapidaria, de bajar la guardia. Me parece útil recordar que el cambio sólo puede producirse cuando somos conscientes de la situación presente. ¿Cómo podríamos diagramar nuestra ruta a Nueva York sin saber en que punto del universo nos encontramos.?

 

Sólo puedo iniciar mi camino desde mi punto de partida y esto es aceptar que las cosas son como son.

 

2.- La segunda derivación directamente relacionada con esta idea es la experiencia de que Yo soy quien soy.

Otra vez:

Yo no soy quien quisiera ser.

No soy el que debería ser.

No soy el que mamá quería que fuese.

Ni siquiera soy el que fui.

Yo soy quien soy.

 

Toda nuestra patología psicológica proviene de la negación de esa frase. Todas nuestras neurosis empiezan cuando tratamos de ser quienes no somos. Cuando usamos máscaras en nuestros verdaderos rostros y nos disfrazamos para intentar ser como nos gustaría ser, como agrada a otros que seamos.

 

3 Tu eres quien eres.

Es decir,

Tu no eres quien yo necesito que seas.

Tu no eres el que fuiste.

Tu no eres como a mi me conviene.

Tu no eres como yo quiero.

Tu eres como eres.

 

Aceptar eso es respetarte, es estar contigo, mostrarte lo que desde fuera observo y no enjuiciarte.

Ser nosotros mismos es la clave de nuestra felicidad y la de nuestros hijos y todos

queremos ser felices y que ellos lo sean. Pero, paradójicamente, en esta realidad socio

histórica en la que coincidimos viviendo, cuesta, nos cuesta ser nosotros mismos realmente.

El ritmo de este sistema que tenemos prima la eficacia, la producción, la utilidad... Y a

veces, hipotecamos no sólo la casa donde vivimos sino lo que somos realmente para ser lo

que nos demandan, lo que nos dicen que seamos. Y entonces, enfermamos.

Aceptar eso es respetarte y no pedirte que cambies. Hace poco empecé a definir el verdadero amor como la desinteresada tarea de crear espacio para que el otro sea quien es. Esta primera verdad es el principio (en sus dos sentidos, de primero y de primordial) de toda relación adulta. Se materializa cuando yo te acepto como tú eres y percibo que tú también me aceptas como yo soy.

Somos roles que nos configuran y que a veces ocultan nuestro yo profundo. Vamos de madres, hermanos, padres… por la vida. Si nuestra identidad está sostenida en los roles, el día que dejamos de tenerlos, dejamos de ser nosotros mismos. Le pasa mucho a las madres que protegen a los niños de cuarenta años. O el jubilado que deja de ser cuando deja de ejercer su profesión.

Somos lo que hacemos, decimos a veces. Parece que haciendo somos mas. Por eso cuando por alguna circunstancia dejamos de hacer, no podemos hacer, no tenemos nada que hacer … entramos en crisis de identidad. “Como no hago, no valgo, no soy”. ¿se puede dejar de ser?

Somos cuerpo. Y claro la sociedad configura nuestra talla. La que debemos ser. Y andamos peleados con nosotros mismos, con lo que somos realmente porque no damos esa talla que se considera adecuada. Cuando el cuerpo oculta a la persona, dejamos de ser nosotros mismos. Cuánto dolor inoculado en estas épocas en las que parece que se es más si el cuerpo tiene determinadas medidas estándar. Cuánto sufrimiento especialmente en los jóvenes adolescentes cuyo cuerpo identifican con su carnet de identidad y, efectivamente entran en trastornos de identidad por el cuerpo que presentan.

 

Somos lo que tenemos y nos valoramos desde ahí. "Tanto tienes tanto vales". Dice Facundo Cabral, cantante argentino: "Hay gente que trabaja en lo que no ama para consumir lo que no crea. Es más, hay gente que compra lo que no necesita, con dinero que no tiene, para agradar a gente que no vale la pena...". Cuando el tener o no tener oculta a la persona, dejamos de ser nosotros mismos. Detrás de la riqueza y la pobreza, se encuentra el ser humano. Si vivimos alienados de nuestras propias necesidades y deseos, "somos" lo que el mercado nos dice que necesitamos. Cuántas personas en este tiempo de crisis, por haber puesto su identidad en su dinero, al perder su estatus viven con más dolor la imagen rota que queda de ellos, que lo que echan en falta realmente.

 

Somos lo que amamos y a quienes amamos. Pero no sólo. "Sin ti no soy nada". "Tú eres mi vida". "Sin ti me muero". Confundir el ser con lo que amamos es dejar de ser nosotros mismos. Cuántas personas estancadas en duelos mal gestionados dejan de vivir o sobreviven porque la persona querida no está ya a su lado.

 

Nos adaptamos, en definitiva, a introyectos' que parcializan nuestras capacidades, nuestras posibilidades de ser lo que realmente somos: "totalidad limitada". Y miramos a los demás, especialmente a los que tenemos más cerca, del mismo modo. Como no invierten su energía en las acciones que desearíamos que llevaran a cabo, nos frustramos. Como el cuerpo "en el que viven" no se ajusta a las medidas que deberían tener, les minusvaloramos. Como no van a ganar lo suficiente para tener tres casas en propiedad, dos coches, y muchos viajes que hacer, sentimos que son menos, en el fondo, porque no son como nos gustaría que fueran.

Paremos. ¿Quiénes somos?. ¿En qué invertimos nuestra energía?. ¿Para qué?.

Volemos más abajo para no enfermar. Pongamos nuestra identidad en algo más hondo que no pueda destruirse, que acoja los distintos momentos que podamos atravesar a lo largo de una vida. Desde la energía que vivimos en la juventud hasta los pasos lentos de la vejez. No hay nada más ridículo que una persona mayor "disfrazada" de joven. Que incluya la fuerza creativa de los años de actividad profesional, y el humor sabio de quiénes han vivido.

 

La realidad, que es como es, incluye lo agradable y lo desagradable. Y yo, que soy como soy, a veces me identifico tierno y a veces un témpano de hielo, a veces trabajador y a veces perezoso. Y tú, que eres quién eres,...

 

II.-Otra gran verdad-montaña es:

Nada que sea bueno es gratis.

Y de aquí se derivan, para mí, por lo menos dos ideas. La primera: si deseo algo que es bueno para mí, debería saber que voy a pagar un precio por ello. Por supuesto, ese pago no siempre es en dinero (si fuera sólo en dinero, ¡sería tan fácil!). Este precio es a veces alto y a veces muy pequeño, pero siempre existe. Porque nada que sea bueno es gratis. La segunda: darme cuenta de que si algo recibo de fuera, si algo bueno me está pasando, si vivo situaciones de placer y de goce es porque me las he ganado. He pagado por ellas, me las merezco. (Sólo para alertar a los pesimistas y desalentar a los aprovechados, quiero aclarar que los pagos son siempre por anticipado: lo bueno que vivo ya lo que pagado. ¡No hay cuotas a plazos!). Algunos de los que me escuchan decir esto preguntan: ¿y lo malo? ¿No es cierto que lo malo tampoco es gratis? Si me pasa algo malo, ¿es también por algo que hice? ¿Porque de alguna forma me lo merezco? Quizás sea cierto. Sin embargo, estoy hablando de verdades, para mí, incuestionables, sin excepciones, universales. Y para mí la aseveración de que me merezco todo lo que me pasa incluido lo malo no es necesariamente cierta. Puedo asegurar que conozco algunas personas a las que les han acontecido hechos desgraciados y dolorosos que, sin duda alguna, ¡no lo merecían!

Incorporar esta verdad (nada que sea bueno es gratis) es abandonar para siempre la idea infantil de que alguien debe darme algo por que sí, porque yo quiero. Que la vida tiene que procurarme lo que deseo sólo porque lo deseo, de pura suerte, mágicamente.

III. Y la tercera idea que creo que es un punto de referencia podría enunciarla de la siguiente manera:

Es cierto que nadie puede hacer todo lo que quiere, pero cualquiera puede NO hacer NUNCA lo que NO QUIERE.

Me repito a mí mismo:

Nunca hacer lo que no quiero.

Incorporar este concepto como una referencia real, es decir, vivir coherentemente con esta idea, no es fácil. Y sobre todo no es gratis. (nada que sea bueno lo es, y esto es bueno).

Estoy diciendo que si soy un adulto, nadie puede obligarme a hacer lo que no quiero hacer. Lo máximo que puede pasarme , en todo caso, es que el precio sea mi vida. (No es que yo minimice ese coste, pero sigo pensando que es diferente creer que no puedo hacerlo, a saber que hacerlo me costaría la vida).

Sin embargo, es lo cotidiano, en el pasar de todos los días, los precios son mucho mas bajos. En general, lo único que es necesario es incorporar la capacidad de renunciar a que algunos de los demás me aprueben, me aplaudan, me quieran. (El coste, como a mí me gusta llamarlo, es que cuando una se atreve a decir no, empieza a descubrir algunos aspectos desconocidos de sus amigos: la nuca, la espalda y todas otras partes que se ven sólo cuando el otro se va).

Estas tres verdades son para mí ideas-montañas, ideas-río, ideas-estrella. Verdades que continúan siendo ciertas a través del tiempo y de las circunstancias. Conceptos que no son relativos a determinados momentos, sino a todos y cada uno de los instantes que, sumados, solemos llamar “nuestra vida”

VERDADES-MONTAÑA para poder construir nuestra casa sobre una base sólida.

VERDADES-RIO para poder calmar nuestra sed y para navegar sobra ellas en la búsqueda de nuevos horizontes.

VERDADES-ESTRELLA para poder servirnos de guía, aun en nuestras noches más oscuras…

 

Es mi responsabilidad apartarme de lo que me daña. Es mi responsabilidad defenderme de los que me hacen daño. Es mi responsabilidad hacerme cargo de lo que me pasa y saber mi cuota de participación en los hechos

LA ACEPTACION DE LO QUE REALMENTE SOMOS ES CLAVE IMPRESCINDIBLE PARA VIVIR EN SALUD.

 

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